Relato escrito por la IA - CHAT GPT:
El dragón exhaló su primera bocanada y el aliento despeinó el cabello dorado de la joven guerrera. Sus ojos, reflejando valentía, se encontraron con los del imponente reptil. Sin titubear, la guerrera desenvainó su espada brillante y se preparó para el desafío que se avecinaba. El dragón, por su parte, no era el típico monstruo sediento de sangre, sino una criatura sabia que había decidido poner a prueba el coraje de aquellos que se aventuraban en su territorio.
La joven guerrera y el dragón emprendieron un viaje épico, enfrentándose a desafíos mágicos y criaturas malévolas. A medida que avanzaban, su conexión crecía, forjando un lazo único entre dos seres aparentemente opuestos. La valentía de la guerrera y la sabiduría del dragón se complementaban, demostrando que, a veces, la verdadera fuerza emana de la diversidad y la colaboración.
Al final de su odisea, la joven guerrera y el dragón lograron derrotar a las fuerzas oscuras y restaurar la paz en el reino. El dragón, agradecido por la valentía y nobleza de su compañera, le concedió un regalo sorprendente: una joya mágica que irradiaba luz y protección. Con lágrimas de alegría en sus ojos, la guerrera regresó a su hogar, llevando consigo no solo el tesoro mágico, sino también la amistad inquebrantable entre un dragón y una guerrera.
Relato mejorado:
El dragón exhaló su primera bocanada y el aliento despeinó el cabello dorado de la joven guerrera.
El dragón exhaló su primera bocanada y el aliento despeinó el cabello dorado de la joven guerrera. Esta permaneció quieta mientras el monstruo dormía. No podía arriesgarse a temblar. No debía. Su cometido era mucho más importante que el temor que pudiera sentir ante semejante bestia.
Se trataba de un dragón dorado. Estos tenían algo especial, y es que, la perla roja incrustada en su pecho era capaz de curar cualquier mal del mundo. La joven ansiaba dicha reliquia para poder así curar a su hermana pequeña, que vivía en la antigua aldea. Para ello, la guerrera había emprendido un camino de varios días por los más tenebrosos recovecos del reino, hasta al fin llegar a la guarida del dragón dorado.
Con sigilo y determinación, la joven se acercó cuidadosamente al pecho del dragón. Justo cuando podía rozar la brillante perla con sus enrojecidas manos, el dragón despertó. Para sorpresa de la joven, este no actuó con furia, si no que se dirigió a ella con una mirada de compasión y pena. Entonces, con un tenue estruendo, el dragón pronunció las siguientes palabras: “Sé a qué vienes. Llevo años esperando la visita de alguien que tenga intenciones puras y pretenda hacer el bien con mi reliquia. Sin embargo, estoy enfadado porque pretendías robarla. Aun así, me alegra que sea para un buen fin”. La guerrera quedó sin habla, y el dragón continuó con su discurso “Sé que siempre he sido temido por los aldeanos, por ello llevo siglos desterrado y excluido. Pero no soy malo. Simplemente no me dejan mostrar el bien que puedo hacer por mi aspecto de monstruo”.
Tras estas palabras, la joven sintió un gran alivio y mucha tristeza por la situación del dragón. Siempre habían dicho que no era bueno sin ni si quiera conocerle. Por ello, ambos hicieron un pacto. Si el dragón donaba su piedra a la joven, ésta, además de curar a su hermana, hablaría a toda la aldea del bien que el dragón dorado podía aportar al reino y les haría saber a todos que gracias a su bondad y generosidad, su hermana estaba curada. De esta forma, todos aprenderían que lo importante está en el interior.

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