En el vasto escenario de la vida efímera, donde danzan sueños como sombras fugaces, se entreteje la futilidad de la existencia humana, un suspiro breve en el teatro del cosmos.
Bajo el manto estelar, un eco susurra, la trama sutil de nuestras vidas intrincadas, tejiendo telarañas de ilusiones vanas, en el telar del tiempo, frágil y efímero.
¿Qué es el hombre, sino un fugaz destello, una llama que arde en la noche sin fin? Sus afanes, un río que fluye sin rumbo, perdido entre las arenas del olvido.
Persigue el hombre sombras inalcanzables, anhela certezas en un mar de incertidumbre, mientras el reloj del destino marcha implacable, despojándonos de cada instante vivido.
En el silencio de la noche reflexiva, se revela la verdad de nuestra existencia, un suspiro en el viento, una nota efímera, en el concierto eterno de la indiferencia.
Así, en la danza de luces y sombras, buscamos significado en lo impermanente, caminando hacia la inevitable nada, donde la futilidad abraza al ser errante.
Mas, en este absurdo, hallamos la libertad, en aceptar la danza sin sentido, en el eco de risas y lágrimas compartidas, en la futilidad, descubrimos nuestro ser querido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario