Práctica 9: ChatGPT y las IA

RELATO CREADO POR CHAT GPT: 

El dragón exhaló su primera bocanada y el aliento despeinó el cabello dorado de la joven guerrera. En ese momento, ella se dio cuenta de la magnitud de la tarea que tenía por delante. Su valentía no titubeó, y con la espada en mano, se lanzó hacia la bestia escamosa que yacía majestuosa en la entrada de la cueva. El resplandor del sol iluminaba las escamas del dragón, haciendo que brillaran como gemas incrustadas en su imponente figura.

La joven guerrera, llamada Lirael, conocía las historias de antaño que narraban la amistad entre humanos y dragones. Determinada a cambiar el destino de su aldea, decidió buscar el diálogo en lugar de la confrontación. Con cautela, pronunció palabras de paz, tratando de comunicarse con el dragón. Para su sorpresa, la bestia pareció entenderla, y sus ojos centelleantes reflejaron una inteligencia milenaria.

A medida que Lirael y el dragón compartían historias de sus respectivos mundos, descubrieron que sus razas habían coexistido en armonía siglos atrás. Sin embargo, la creciente hostilidad entre humanos y dragones había desencadenado un conflicto que llevó a la enemistad actual. Lirael y el dragón decidieron unir sus fuerzas para restablecer la paz, enfrentándose juntos a las fuerzas que amenazaban con destruir sus tierras.

Con valentía y sabiduría combinadas, Lirael y el dragón emprendieron una travesía para reconciliar a sus pueblos y restaurar la armonía perdida. Su historia se convirtió en una leyenda que resonaría a través de los tiempos, recordándole al mundo que incluso las criaturas más formidables pueden encontrar la redención a través del entendimiento y la cooperación.


RELATO MEJORADO: 

El dragón exhaló su primera bocanada y el aliento despeinó el cabello dorado de la joven guerrera. Sorprendentemente, el dragón no la quemó, sino que parecía que algo le estaba impidiendo producir su habitual aliento flamígero. 

Hasta entonces, el pueblo de los humanos siempre había pensado que las enfermedades eran algo que afectaban a los de su propia especie, no a sus enemigos, los dragones. La guerrera se compadeció de la criatura, y se decidió a averiguar la causa de tan extraña afección. 

Al adentrarse en la cueva, se dio cuenta de que, además, había esqueletos de crías de dragón dentro de ella. No se había imaginado que, en las lejanas montañas donde vivían los dragones, estuvieran perdiendo tanto su fuego como sus crías. 

Dispuesta a averiguar qué era aquello que estaba afectando a la calidad de vida de los dragones, decidió alojarse temporalmente en la cueva del dragón, desmontando de paso prejuicios respecto a los dragones: si eran tan malos y feroces, ¿cómo es que se habían dejado tocar, montar y acariciar por ella, además de cohabitar la misma cueva?

Finalmente, se dio cuenta de que eran unos pequeños insectos que se creían extinguidos, llamados "scodenja", que se introducían por las fauces del dragón mientras dormía y le robaban el fuego, además de que se alimentaban de la cáscara de huevos de dragones no natos, impidiendo su desarrollo y resultando en su muerte. La guerrera pensó que lo mejor que podía hacer era llamar a su amigo druida para solucionar el problema de los scodenja, y así hizo. 








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